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Todo comienza en la decada de 1870 cuando un operador de
telégrafo llamado Joseph May, utilizando el llamado selenio metálico en una
estación de cable irlandesa, se percató de que ciertas variaciones inesperadas
en las lecturas de sus instrumentos eran debidas al efecto de la luz en el
selenio. May descubrió que la luz cambiaba la resistencia eléctrica del
material y, lo que es más importante aún, que parecía claro que la variación de
la resistencia era proporcional a la intensidad de luz. De esta manera se
podría crear una corriente eléctrica a partir de la misma luz.
En 1884 Paul Gottlieb Nipkow patenta como el disco de Nipkow un invento
suyo que constaba de un dispositivo mecánico en forma de disco que permite
analizar una escena de manera ordenada proyectando la luz reflejada por un
objeto sobre una serie de células de selenio que enviarían los impulsos
eléctricos correspondientes a través de un cable.
En 1922-23 el ingeniero y físico escocés Logie Baird y el inventor estadounidense Charles Jenkins
John en simultaneo pero de manera independiente trabajan sobre
un sistema de televisión electromecánica, un sistema de televisión basado en el
uso de elementos mecánicos y eléctricos.
Se basa en el uso de un disco de Nipkow como elemento
explorador de imagen, elemento que será utilizado de nuevo (en sincronismo con
el elemento explorador) en el receptor.
El sistema es en realidad muy sencillo: un disco de
Nipkow giratorio recibe la imagen de una lente; por el foco de ésta pasan los
distintos agujeros que han sido realizados, en espiral, en el disco: cada uno
de los distintos agujeros van a formar, con su giro, un arco de exploración (o
línea, en el lenguaje moderno) el cual cae encima de una célula de selenio.
Según la intensidad (o brillo) de cada una de las partes de la imagen dicha
célula emite mayor o menor cantidad de corriente, la cual será remitida (por
cable o radioondas) a un receptor.
El sistema de recepción (o receptor de televisión, en el
lenguaje moderno) es similar: un disco perforado en espiral gira delante de una
lamparita de neón en sincronismo con la señal recibida; según sea mayor o menor
la intensidad de la señal la lamparita brillará con distinta intensidad de
brillo. El disco, al girar, crea líneas de imagen las cuales, por persistencia
retiniana, forma la imagen en movimiento. El receptor cuenta, además, con un
reóstato cuya misión es hacer que el disco gire a mayor o menor velocidad: con
ello se consigue que la imagen se forme en perfecta sincronía con el emisor
evitando el parpadeo de la misma.
Este sistema de televisión fue puesto a punto a partir de
las primeras experiencias de Baird en 1924. En sus orígenes contaba con un
barrido de 30 líneas y un refresco de 12 imágenes por segundo; en 1926 su
todavía rudimentario equipo mostraba 50 líneas de imagen con un refresco un
poco mayor, lo que no impedía que la imagen fuese todavía parpadeante.
La televisión mecánica fue comercializada desde 1928 a
1934 en el Reino Unido, Estados Unidos, y Rusia. Los primeros televisores
comerciales vendidos por Baird en Reino Unido en 1928 fueron radios que venían
con un aditamento para televisión consistente en un tubo de Neón detrás de un
disco de Nipkow y producían una imagen del tamaño de una estampilla, ampliado
al doble por una lente.
El "Televisor" Baird estaba también
disponible sin la radio. El Televisor vendido entre 1930 y 1933 es considerado
el primer televisor comercial, alcanzando varios miles de unidades vendidas.
