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El siglo XVII fue crucial en la historia de las
calculadoras mecánicas. Por una parte, ocurrió la invención de los logaritmos,
las tablas logarítmicas, y la regla de cálculo (1622), que por su fácil uso
para dividir y multiplicar, dominó entre quienes necesitaban realizar estas
operaciones.
En el mismo siglo, aparecieron las primeras máquinas
capaces de realizar operaciones aritméticas por si mismas, consideradas los
primeros prototipos de las calculadoras actuales. En 1623 se inventó la primera
máquina de sumar, un aparato grande lleno de palancas, creación de Wilhelm
Schickard, en Alemania. Originalmente se le llamó el "reloj
calculador", y podía sumar y restar números de hasta seis dígitos.
La sucesora de de esta máquina fue la famosa Pascalina,
desarrollada por Blaise Pascal en 1642 en Francia. Pascal empezó a pensar en
este aparato luego que a su padre le asignaran la tarea de reorganizar los
ingresos por impuestos en la provincia francesa de Haute-Normandie, creando un
aparato que podía sumar, restar, multiplicar y dividir.
Pascal tenía apenas 19 años al inventar esta máquina, que
se convirtió en un hito para las calculadoras y precursora importantísima para
el desarrollo de los equipos que tenemos hoy. Después de evaluar 50 prototipos,
Pascal sacó a la venta su "Pascalina" en 1645, obteniendo una
"patente" de la época otorgada por el mismísimo rey Luis XIV en 1649.
El lanzamiento de la Pascalina dio inicio al desarrollo
de las calculadoras mecánicas en Europa y el mundo, desarrollo que tres siglos
después posibilitaría la creación del microprocesador, desarrollado por primera
vez para una calculadora en 1971.
Uno de los que trabajó sobre la Pascalina fue el filósofo
y matemático alemán Gottfried Leibniz, que perfeccionó la máquina creando la
"rueda de Leibniz", un cilindro colocado sobre un engranaje que,
sumado a una rueda para sumar, se utilizó en el motor de las calculadoras
mecánicas y posibilitó la producción en masa de las calculadoras. Leibniz fue
también responsable de refinar el sistema de números binario, la base de todos
los sistemas digitales, como el PC que estás usando ahora.
Aunque hubo algunos desarrollos más en los años
siguientes, no sería hasta el siglo XIX y la Revolución Industrial que las
calculadoras vieron un nuevo auge y rápidos avances. En 1902, el estadounidense
James L. Dalton hizo una de las mayores innovaciones en la "interfaz de
usuario" de la calculadora, insertando botones en lugar de palancas.
En 1948 apareció en Viena, Austria, la calculadora Curta,
que aunque era bastante cara, se convirtió en un hit debido a su portabilidad.
La calculadora mecánica tenía un diseño realmente compacto, que cabía en una
mano, y permitía sumar, restar, multiplicar y dividir.
